
Ya entonces se achacaron a la vejez males y carencias y se ignoraron sus ventajas y potencias.
Injustas acusaciones y cegueras que Cicerón supo refutar y contrarrestar en este texto que también ayuda a saber envejecer e invita a poder decir: “La vejez (tal es el nombre que los otros le dan) puede ser el tiempo de nuestra dicha.”